Durante junio y julio, el mundo volvió a detenerse para vivir una nueva edición del Mundial. Como tantas otras veces, el deporte fue una oportunidad para emocionarse, encontrarse y compartir. En el Centro de Día del Instituto Blanquerna esa pasión también se hizo presente: concurrentes, familias y equipo acompañaron a la Selección Argentina con entusiasmo, registrando cada momento a través de fotos y videos que compartimos en nuestras redes sociales.
Cada publicación reflejó mucho más que el apoyo a un equipo de fútbol. Mostró el derecho de todas las personas a disfrutar, participar y expresar sus emociones. Mostró sonrisas, abrazos, cánticos y la ilusión compartida de alentar juntos.
La respuesta de la comunidad fue, en su enorme mayoría, muy positiva. Miles de personas acompañaron las publicaciones, interactuaron con ellas y permitieron que llegaran a nuevos públicos. La repercusión fue tan significativa que la cuenta de Instagram del Instituto experimentó un crecimiento exponencial de seguidores, siendo esta cobertura del Mundial uno de los contenidos con mayor alcance e interacción de los últimos años.
Sin embargo, esa alegría también dejó al descubierto una realidad que no podemos ignorar.
Entre los miles de comentarios recibidos aparecieron mensajes cargados de discriminación y violencia. En muchos de ellos se utilizó la palabra «mogólico» como un insulto, reproduciendo expresiones capacitistas que históricamente han servido para humillar y excluir a las personas con discapacidad intelectual.
Frente a esa situación, y con el objetivo de proteger a nuestros concurrentes, sus familias y toda la comunidad educativa, desde la agencia de comunicación T4, junto al Instituto Blanquerna, se tomó la decisión de limitar los comentarios de las publicaciones. Fue una medida de cuidado. Porque las redes sociales también forman parte de los espacios que habitamos y creemos que nadie debería encontrarse con discursos de odio al ingresar a un lugar pensado para celebrar, aprender y compartir.
Estos hechos no son aislados. Forman parte de un contexto social en el que vuelven a ganar espacio discursos que relativizan derechos conquistados durante décadas y habilitan formas de violencia que parecían haber quedado atrás. Cuando desde distintos ámbitos se deslegitiman las políticas de inclusión, se cuestiona el valor de la diversidad o se naturaliza el agravio hacia determinados colectivos, esas expresiones encuentran mayor legitimidad para circular también en la vida cotidiana y en las redes sociales.
Por eso creemos que responder no es discutir con cada comentario, sino seguir construyendo espacios donde la inclusión sea una práctica concreta y cotidiana.
El Mundial terminó. Argentina no pudo quedarse con el bicampeonato, pero volvió a demostrar que el esfuerzo, el trabajo en equipo, la perseverancia y el compromiso son valores que trascienden cualquier resultado deportivo. Alcanzar una nueva final del mundo es motivo de orgullo y un ejemplo para las nuevas generaciones.
En Blanquerna elegimos quedarnos con esa enseñanza. Con la alegría compartida, con los abrazos, con la emoción de vivir el deporte como un espacio de encuentro y con la convicción de que la inclusión también se defiende todos los días, incluso —y especialmente— en los ámbitos digitales.
Porque el verdadero triunfo siempre será construir una sociedad donde todas las personas puedan celebrar, participar y ser respetadas.